lunes, 16 de marzo de 2026

FRANCISCA

…este cuento està amarrado a un encarrete de Augusto Rivera GARCES (artista olvidado con un mural que acompaña a sendos de Obregón y Grau en el Centro de Convenciones de Cartagena). Fue su última obra. La compañía corroncha señala su valor como artista… Con Antonio Dorado UNIVALLE y Cristobal Gnecco, Paloma Muñozy Adriana Patricia Torres Cap UNICAUCA + el arquitecto Patojo José A Monteros, llevamos años tratando de sacarlo de nuevo a la luz que se merece (libro, instalaciones, charlas , Talleres, re localización de murales… Es la primera vez que me atreví a escribir un cuento… El Oleo anexo se llama “ Segundo llanto de Francisca Quintero” (1970). Està en el Museo de Arte Contemporáneo de Bogotà. La foto no es muy feliz…

(Me lo contó mi carnal Augusto; solo soy culpable de la manipulación  de lo escuchado, 1970) 

Como todos los días, la tía salía en ayunas. Embolsada en su pañolón, iba a misa de cinco. Comulgaba y al final de la Eucaristía, como siempre, le rezaba a La Dolorosa. Como todos los días, sin prisa regresaba a casa con la vista fija en el cielo (los vecinos que la saludaban al cruzarla, seguían su camino diciéndose pasito para que no escuchara: “Esa loca hoy no va a llorar, porque hoy va a llover”. 

Al llegar preparaba el desayuno. Daba de comer a su perrita llamada Lágrima. Lavaba la loza con mucha agua y cómo ese día con seguridad iba a llover, se ponía a amasar pan, a moler el maíz para el cuchuco, el maní para el ají y a medir, una vez más, la casa a escobazos mientras la barría.

Los ventosos días de verano, en que no llovía y el cielo se llenaba de nubes, sacaba su mesedora al corredor del patio, la echaba hacia atrás para mirar más cómodamente el cielo y mientras detallaba el movimiento de las nubes y hasta que sonara la campana llamando a la última misa, lloraba desconsoladamente. Esos días de llanto, el pueblo imaginaba que lloraba para completar con lágrimas la lluvia que le faltaba al arco iris.

Pero no era así.

El único que sabía su secreto, era su sobrinito Augusto. Supo guardarlo muchos años, algo impensable dada la desbordada locuacidad - que crecía con la edad - de ese inolvidable artista. Y lo guardó, porque de niño le había dicho a la tía que cuando fuera grande quería ser pintor. Por ser aun un quicato que no sabía manejar la curiosidad, Francisca lo había visto romperle a su prima Isaura toda una canastada de huevos que sumaba para la Navidad; luego lo vió lavar con cuidado las cáscaras que transformó en vaquitas, estrellas, casitas, perritos, mazorcas y flores, gracias a la magia del lápiz con borrador de aprender a escribir. Fue cuando ellas tuvieron la certeza que, con seguridad Augustico sería lo que quería ser. 

Un año antes de aquella rompezón, además, el niño se había ganado un premio en la escuela por un dibujo del abuelo comiendo choclo. En consecuencia, lo de artista estaba asegurado. Así que Francisca lo llamó aparte y le dijo, sin que nadie la oyera: “como vas a ser pintor, el año entrante te cuento mi secreto”. Eso si, le añadió: “con la condición que sólo lo pongas en las orejas de los otros, después que me pintes un cuadro bien grande que debes titular: Segundo llanto por Francisca Quinterio”. Pasó el año y como lo prometido en ese entonces si era deuda, lo llamó y se lo contó bajo la penumbra confidente de su pañolón. En ese momento misterioso, prenda recién  impregnada del olor a Agua de Colonia que, el almanaque Bristol - que la tía religiosamente consultaba para calcular con precisión sus días de llanto - invitaba a comprar.

Así fue. El cuadro se lo pintó en 1970, grande y al óleo: de 170 x 238 cms. Está en el Museo de Arte Contemporáneo en Bogotá. Un detalle adicional: cuando dió la última pincelada a uno de los barrotes de la ventana que colocó, abajo a la derecha, Augusto se sintió libre de la promesa y enriqueció con ese llanto pictórico, su irrepetible contadera…

Tía Francisca lloraba porque las nubes grandes se comían las chiquitas.


Alvaro Thomas Mosquera




No hay comentarios:

Publicar un comentario

El tratado de la silla (versión original)

  Vínculo para entrar al libro completo (no funcional todavía).